Empecé a estudiar el Grado Superior en Gráfica Publicitaria, allá por 2001, porque era lo más parecido en ese momento a estudiar Diseño Gráfico por la pública. Decidí estudiar el Bachillerato artístico en la Escuela de Artes y Oficios (ahora Escuela de Arte y Superior de Diseño José Val del Omar de Granada) en 1999 y fue de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Me sentía identificada con todas esas personas, como que pertenecía a ese lugar; me sentía en mi salsa.
Al terminar, tenía bastante claro que quería seguir ampliando mis estudios allí. Eso, unido a que siempre me gustaron los ordenadores, hizo que eligiera estudiar un Grado Superior en lugar de una carrera universitaria. Quería estudiar algo práctico, relacionado con el arte y las nuevas tecnologías.
La mayoría de los contenidos del Grado estaban relacionados con el dibujo y el diseño: había asignaturas de fotografía (todavía analógica), tipografía, dibujo artístico… pero en la teoría también nos enseñaban sobre historia del diseño publicitario, ya que el Grado estaba muy enfocado a terminar siendo publicista.
Ahí fui consciente de que la publicidad comenzó siendo una disciplina artística en sí misma. Ilustradores, impresores y tipógrafos juntaban su creatividad para crear algo bello y que captase la atención del viandante al momento. La publicidad nació para llamar la atención y no dejar indiferente a quien la ve.
Recuerdo esos carteles de la Revolución Rusa, la publicidad vintage de Lucky Strike, el proceso de diseño del logotipo de Coca-Cola, la evolución del logo de Shell… diseños creados para ser agradables a la vista y que no puedas dejar de mirarlos, que se queden en tu retina como las cancioncillas de los anuncios de la tele de los 90.
Ahora me pregunto, ¿qué ha pasado con la publicidad? ¿por qué ha evolucionado de esta manera tan molesta, que parece que nos quiere castigar? Si no quieres o no puedes pagar una suscripción a una plataforma de streaming, entonces te tienes que tragar minutos de publicidad jartible. Pero ahora, aunque pagues, también te meten anuncios que te cortan totalmente el rollo.
En una plataforma gratuita de podcasts con versión de pago me aparece un mensaje que dice «Di adiós a la publicidad. Hazte Premium«… Es decir, los anuncios se han convertido en un incordio que se puede «solucionar» pagando. Los publicistas molestamos para que la gente se gaste el dinero en versiones premium. Para eso hemos quedado.

